Trabajo
sexual digital y doble vulnerabilidad laboral-tecnológica: riesgos de
ciberseguridad y vacíos regulatorios en Colombia y Latinoamérica
Digital Sex Work and Dual Labour–Technological
Vulnerability: Cybersecurity Risks and Regulatory Gaps in Colombia and Latin
America
Andrés Felipe Parra Sierra
Abogado - Fundación
Universitaria San Martín (Colombia)
Universidad Cooperativa de
Colombia - Campus Bogotá
andres.parras@campusucc.edu.co
https://orcid.org/0009-0007-6393-8839
Doi: https://doi.org/10.62407/5g6p9w17
Recibido:
2/15/2026 |
Revisado: 3/30/2026 | Aceptado: 4/17/2026
Resumen
La expansión del trabajo mediado
por plataformas digitales ha redefinido las formas contemporáneas de producción
de ingresos, generando nuevas configuraciones laborales caracterizadas por la
flexibilidad, la dependencia tecnológica y la ausencia normativa. El trabajo
sexual digital se consolida como una actividad emergente que articula procesos
de monetización de la intimidad, precarización sociolaboral y exposición a
riesgos tecnológicos, especialmente en economías latinoamericanas marcadas por
altos niveles de desigualdad. El estudio aborda como problema central la
configuración de los riesgos para la seguridad laboral y la ciberseguridad de
las trabajadoras sexuales en entornos digitales en Colombia, considerando la
convergencia entre desprotección institucional, violencia digital y vacíos
regulatorios. El objetivo consiste en analizar estas dinámicas desde una
perspectiva socio jurídica comparada con América Latina, identificando las
transformaciones del trabajo sexual a distancia, los riesgos asociados a la
ciber violencia y las limitaciones de los marcos normativos existentes. Se
adopta un enfoque cualitativo basado en una revisión narrativa crítica en
cuanto a la metodología que integra aportes del derecho laboral, estudios de
género, sociología del trabajo digital y gobernanza tecnológica. Los resultados
evidencian que la digitalización no implica necesariamente formalización ni
mejora en las condiciones laborales. Se concluye que la protección efectiva del
trabajo sexual digital exige marcos regulatorios integrales que articulen
seguridad laboral, derechos digitales y perspectiva de género, así como
políticas públicas orientadas a la alfabetización tecnológica y al
reconocimiento institucional de estas trayectorias laborales.
Palabras calve: Trabajo
sexual digital; plataformas digitales; precariedad laboral; ciberseguridad;
violencia digital de género; regulación laboral; derechos digitales;
informalidad.
Abstract
The
expansion of platform-mediated work has reshaped contemporary forms of income
generation, producing new labour configurations
characterized by flexibility, technological dependence, and regulatory
fragmentation. Digital sex work has emerged as a significant activity that
combines the monetization of intimacy, socio-labour
precarity, and exposure to technological risks, particularly in Latin American
economies marked by high levels of structural informality and gender
inequality. This study addresses the central problem of how risks related to labour security and cybersecurity are configured for
digital sex workers in Colombia, considering the convergence of institutional
under-protection, online violence, and regulatory gaps. The objective is to analyse these dynamics from a comparative socio-legal
perspective in Latin America, identifying the transformations of
platform-mediated sex work, the risks associated with cyber violence, and the
limitations of existing regulatory frameworks. Methodologically, the study
adopts a qualitative approach based on a critical narrative review that
integrates contributions from labour law, gender
studies, the sociology of digital work, and technology governance.The findings show that digitalization does
not necessarily lead to formalization or improved working conditions. Instead,
it reconfigures historical forms of vulnerability through algorithmic
dependence, risk externalization, and the persistence of social stigma. The
study concludes that effective protection of digital sex work requires
comprehensive regulatory frameworks that integrate labour
security, digital rights, and a gender perspective, as well as public policies
aimed at technological literacy and institutional recognition of these labour trajectories.
Keywords:
Digital sex work; digital platforms;
labour precarity; cybersecurity; gender-based digital
violence; labour regulation; digital rights;
informality.
En la actualidad,
los entornos digitales y las plataformas en línea ocupan un lugar central las
interacciones sociales, los procesos culturales y la producción de identidades
individuales y colectivas (Rani, et al., 2021). La
influencia de los nuevos trabajos en online trasciende el ámbito
comunicativo, ya que contribuyen a moldear representaciones simbólicas,
percepciones sociales y marcos culturales que orientan las prácticas
cotidianas. García (2024) advierte que la digitalización puede favorecer la
reproducción y expansión de patrones de desigualdad de género comúnmente presentes en los espacios físicos pues, la
creciente digitalización de la vida social ha ampliado las fronteras del
espacio cultural, generando escenarios virtuales donde ciertas formas de
violencia basada en género pueden aumentar, legitimarse o adquirir nuevas
modalidades de manifestación Según Gómez (2023), factores como el anonimato, la
rapidez en la difusión de contenidos y la lógica algorítmica de necesidad de
visibilidad o publicidad contribuyen a la normalización de prácticas
discriminatorias o abusivas, al tiempo que dificultan una ordenación y
normatividad segura. Estas dinámicas evidencian que, los entornos digitales no
constituyen espacios neutrales, sino ámbitos intervenidos por relaciones de
poder que pueden reproducir nuevas desigualdades estructurales o profundizar
las ya existentes. Lo digital han comenzado a consolidarse como un escenario
notable para la expansión de mercados vinculados a la explotación sexual o a la
comercialización de la intimidad, configurando nuevas formas de intermediación
económica y control simbólico. La mediatización tecnológica de estas prácticas
transforma tanto las condiciones de ejercicio de las actividades sexuales
remuneradas como los riesgos asociados a estas, sobre todo en lo relacionado
con la exposición pública, la violencia digital y la precariedad laboral.
El trabajo sexual
en línea constituye uno de los fenómenos más relevantes dentro de las
transformaciones contemporáneas del empleo mediado por softwares, al
articular procesos de monetización del cuerpo, prestación de servicios
virtuales y reorganización tecnológica de las formas de intimidad laboral “La constante
publicidad engañosa que promete ingresos extras elevados, crean a quienes se
interesen en ser parte de un estudio webcam o inscribirse en estas páginas
administradoras de los usuarios que consumen este contenido, una subordinación
y dependencia a esta actividad” (Rodríguez de Arce y Salazar, 2021, p11). Estas
dinámicas se inscriben en un contexto global donde el trabajo online
redefine las formas tradicionales de organización económica y las relaciones
laborales, generando modalidades de empleo caracterizadas por una flexibilidad
operativa, contractual y la desprotección estatal. El uso de plataformas
digitales ha permitido la expansión de mercados sexuales en los que la
intermediación tecnológica se convierte en un elemento central para la
prestación, promoción y comercialización de servicios erótico-sexuales para
adultos (Suárez y Matés, 2024).
El trabajo en internet no solo amplía las oportunidades de
mercantilización del trabajo sexual, sino que también
potencia dinámicas de violencia de género, explotación y desigualdad, al
facilitar la expansión de plataformas que reproducen relaciones asimétricas de
poder y nuevas formas de captación o control simbólico y económico sobre
mujeres jóvenes (García, 2024). De esta manera, las nuevas formas de mercado sexual online
contribuye a la normalización de prácticas que romantizan relaciones
económicas desiguales, invisibilizan riesgos de violencia digital y consolidan
lo que algunas autoras denominan como patriarcado digital que, se caracteriza
por la amplificación tecnológica de estructuras tradicionales de
subordinaciones de género.
En América Latina, este proceso no implica necesariamente la
superación de la precariedad laboral. De hecho hay una
reconfiguración en nuevas formas de debilidad mediadas por tecnologías
digitales, particularmente en economías atravesadas por altos niveles de
informalidad y desigualdad de género “El impacto de la digitalización
en el trabajo informal está estrechamente relacionado con la rivalidad
geopolítica, en particular con la expansión de las empresas tecnológicas chinas
en América Latina” (Cueva y Bolagay, 2025, P.140). La
expansión de la economía de aplicaciones desde la pandemia de COVID-19 ha
favorecido el traslado progresivo de prácticas del comercio sexual hacia
entornos digitales, configurando nuevas experiencias laborales que oscilan
entre la promesa de autonomía y la intensificación de condiciones inestables e
inseguras, así como la emergencia de discursos vinculados al emprendimiento
individual como estrategia de legitimación del trabajo sexual mediado
tecnológicamente (Martynowskyj, 2025).
El trabajo sexual digital puede comprenderse como un campo
laboral emergente atravesado por una discrepancia entre autonomía económica,
falta de garantías laborales y exposición a riesgos específicos de
ciberseguridad y violencia tecnológica (Grau, 2025). Esta doble condición
refleja las transformaciones contemporáneas del trabajo informal digital, donde
la ausencia de reconocimiento jurídico, la desprotección estatal y la
mediatización tecnológica de las interacciones laborales configuran nuevas
formas de inseguridad que requieren análisis críticos desde enfoques jurídicos,
sociológicos y de derechos humanos (Daza, 2024). El trabajo sexual online
emerge como un campo particularmente complejo debido a la convergencia entre
estigmatización moral, ausencia de reconocimiento jurídico-laboral y exposición
constante a riesgos tecnológicos. Las plataformas digitales pueden reproducir
desigualdades estructurales y barreras de acceso que afectan la autonomía
laboral y la seguridad de quienes ejercen actividades sexuales en línea,
especialmente en contextos donde el entorno digital está dominado por
arquitecturas tecnológicas que no consideran las necesidades específicas de
poblaciones vulnerables (Barwulor et al., 2021). La
expansión del uso de redes sociales y sistemas de pago digitales incrementa la
exposición a amenazas como suplantación de identidad, extorsión, filtración de
contenido íntimo y acoso virtual, configurando un panorama de violencia digital
que impacta directamente la seguridad laboral, especialmente de las
trabajadoras sexuales (García, 2024).
La violencia basada en género continúa manifestándose tanto
en entornos físicos como en línea, afectando de manera desproporcionada a
mujeres y personas con identidades sexo-genéricas diversas que participan en
economías informales o estigmatizadas (Requesens et al., 2025). El análisis del
trabajo sexual digital requiere integrar enfoques interdisciplinarios que
permitan comprender la interacción entre una falta de garantías laborales y
riesgos tecnológicos emergentes.
Según Ocampo y Ruscelloni (2024),
a nivel histórico el tratamiento del trabajo sexual en Colombia ha estado
caracterizado por visiones conservadoras que han promovido discursos de
desaprobación y exclusión en los ámbitos público y político. Como consecuencia,
los intentos de debatir su reconocimiento o regulación en el escenario político
y jurídico han enfrentado resistencias derivadas de prejuicios sociales y
disputas ideológicas. La expansión del modelaje webcam y otras formas de
trabajo sexual digital ha generado debates sobre el reconocimiento
sociolaboral, la protección institucional y la regulación de las tecnologías
que median estas actividades. Estudios jurídicos han señalado que esta
modalidad laboral opera en un limbo normativo donde no está prohibida pero
tampoco cuenta con mecanismos claros de protección laboral o seguridad social,
lo que incrementa la exposición a explotación económica y violencia digital
(Daza, 2024; Rodríguez de Arce y Salazar, 2021). Esta falta de certidumbre
normativa se reproduce también en otros países latinoamericanos, donde la
comercialización digital de contenido sexual se desarrolla en contextos
regulatorios fragmentados que dificultan la construcción de políticas públicas
sistémicas (Rojas y Orozco, 2025).
Se propone analizar la configuración de los riesgos para la
seguridad laboral y la ciberseguridad de las trabajadoras sexuales en entornos
digitales en Colombia, en relación con la informalidad laboral digital, la
violencia tecnológica y los vacíos en la norma, desde una revisión narrativa
comparada con América Latina. Para esto se adopta una revisión narrativa
crítica que permite integrar evidencia empírica, análisis teóricos y debates
normativos provenientes de distintas disciplinas, facilitando la identificación
respuestas institucionales emergentes. Este enfoque busca contribuir a la
comprensión de la denominada “doble vulnerabilidad”, entendida
como la convergencia entre desprotección laboral estructural y exposición a
riesgos digitales específicos, así como a la formulación de estrategias
integrales de seguridad laboral y ciberseguridad con perspectiva de género y
derechos humanos. Se busca responder a la pregunta:
¿Cómo se configuran
los riesgos para la seguridad laboral y la ciberseguridad de las trabajadoras
sexuales en entornos digitales en Colombia, en el contexto de la informalidad
laboral digital, la violencia en línea y los vacíos normativos identificados en
la literatura latinoamericana?
Con el objetivo de
analizar la configuración de los riesgos para la seguridad laboral y la
ciberseguridad de las trabajadoras sexuales en entornos digitales en Colombia,
en relación con la informalidad laboral digital, la violencia tecnológica y los
vacíos regulatorios, desde una revisión narrativa comparada con América Latina,
se pretende: i). Investigar sobre la transformación del trabajo sexual en
entornos digitales y su relación con condiciones de precariedad laboral. ii.). Determinar los riesgos de ciberseguridad y violencia
digital que afectan la seguridad laboral de las trabajadoras sexuales y, iii). Identificar los vacíos normativos y contrastarlos con
tendencias latinoamericanas para evidenciar niveles de protección
institucional. El estudio adopta un enfoque metodológico cualitativo basado en
una revisión narrativa crítica, la cual permite integrar perspectivas
interdisciplinarias y favorecer la construcción teórica sobre fenómenos
emergentes vinculados al trabajo digital. Este tipo de revisión resulta
especialmente pertinente cuando el campo de estudio presenta dispersión
conceptual, diversidad metodológica o vacíos normativos, ya que según Snyder (2019), facilita la sistematización de evidencias y
la identificación de tendencias analíticas relevantes. En el caso del trabajo
sexual digital, donde convergen dimensiones sociológicas, jurídicas,
tecnológicas, económicas y de género, el enfoque narrativo posibilita la
comprensión de la complejidad del fenómeno más allá de aproximaciones
cuantitativas o exclusivamente descriptivas.
La revisión se
orienta a analizar la seguridad laboral y la ciberseguridad de las trabajadoras
sexuales en línea desde una perspectiva interdisciplinaria que articula aportes
del derecho internacional del trabajo, los estudios feministas sobre tecnología,
la sociología del trabajo digital y los estudios críticos de la regulación
tecnológica. Este enfoque permite describir los riesgos asociados a la
actividad y problematizar las condiciones estructurales que los producen, tales
como la
estigmatización social y la ausencia de reconocimiento jurídico. La revisión
narrativa contribuye a contextualizar el fenómeno dentro de debates
contemporáneos sobre justicia tecnológica, precarización laboral y violencia
digital de género (Ahmad, 2025).
En cuanto a la
estrategia de búsqueda bibliográfica se desarrolló entre febrero y marzo de
2026 en bases de datos académicas internacionales y regionales, incluyendo Scopus, Web of Science, JSTOR, Redalyc, SciELO y Google Scholar, con el fin de identificar estudios recientes sobre
trabajo sexual digital, riesgos tecnológicos y regulación laboral en economías
de plataformas. Se consultaron repositorios institucionales y documentos
elaborados por organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos,
tales como la Organización Internacional del Trabajo, Amnistía Internacional,
Human Rights Watch y ONU
Mujeres, debido a su relevancia en la documentación de violencias laborales.
Las palabras clave utilizadas en español e inglés incluyeron combinaciones
relacionadas con trabajo sexual digital, seguridad en línea, violencia digital
de género y regulación del trabajo en plataformas, empleándose operadores
booleanos para ampliar o restringir los resultados según su pertinencia
temática. Este procedimiento permitió construir un corpus analítico que integra
investigaciones empíricas, estudios teóricos, informes institucionales y
análisis jurídicos comparados, lo que favorece una comprensión amplia del
fenómeno y su inserción en dinámicas regionales de transformación laboral.
Respecto
a los criterio
de inclusión y exclusión, se incluyeron publicaciones académicas y documentos
institucionales publicados entre 2020 y 2025, con el propósito de captar las
transformaciones recientes derivadas de la digitalización del trabajo sexual,
particularmente aquellas intensificadas tras la pandemia de COVID-19. Entre los
criterios de inclusión se consideraron estudios empíricos o teóricos sobre
trabajo sexual digital, investigaciones sobre violencia digital de género,
ciberacoso o extorsión en plataformas tecnológicas, análisis jurídicos sobre
regulación del trabajo sexual o delitos informáticos, así como documentos que
abordaran experiencias latinoamericanas, especialmente en Colombia y
Latinoamérica. Se excluyeron textos con enfoques moralizantes o carentes de
respaldo metodológico, así como publicaciones anteriores a 2020 salvo aquellas
consideradas fundacionales desde el punto de vista conceptual. Esta
delimitación temporal permitió priorizar evidencia reciente sobre los procesos
de digitalización laboral y la emergencia de nuevas formas de violencia
tecnológica, contribuyendo a identificar cambios estructurales en la
configuración del trabajo sexual en línea.
La información
recopilada fue sometida a un análisis temático crítico orientado a identificar
patrones recurrentes en tres dimensiones principales: la labilidad laboral
estructural del trabajo sexual digital, los riesgos específicos de
ciberseguridad y violencia tecnológica, y las respuestas normativas o
institucionales orientadas a la protección de las trabajadoras, lo anterior
dado en una matriz de análisis descriptiva y comparativa. Este proceso permitió
establecer relaciones entre la informalidad laboral, la desigualdad de género y
la vulnerabilidad digital, configurando lo que en este estudio se conceptualiza
como una doble vulnerabilidad (Barwulor et al.,
2021).
II. Transformación del trabajo
sexual en entornos digitales
Las
transformaciones recientes del trabajo online ha favorecido el suceso de nuevas
modalidades de prestación de servicios sexuales que se desarrollan a través de
plataformas, redes sociales y sistemas algorítmicos de intermediación
económica. Este fenómeno se vincula con procesos más amplios caracterizados por
la flexibilización laboral, la mercantilización de la intimidad y la creciente
dependencia de infraestructuras digitales que condicionan la visibilidad y los
ingresos de quienes participan en estos mercados (International Labour Organization, 2021; Cueva
y Bolagay, 2025). La expansión del trabajo sexual en
entornos digitales puede comprenderse como parte de una reorganización
estructural del trabajo contemporáneo caracterizada por la mediación
tecnológica y la inteligencia artificial que facilita la flexibilización de las
relaciones laborales y la comercialización creciente de actividades que pueden
estar vinculadas con el cuerpo, la intimidad y la emocionalidad (Cueva y Bolagay, 2025).
En América Latina
ha evidenciado que la economía digital sigue reproduciendo desigualdades que
son históricas en cuanto a género, clase y precariedad laboral. Especialmente
en ocupaciones laborales feminizadas o socialmente marginalizadas como el
trabajo sexual. Incluso, la mediación que durante los últimos años vienen dando
las plataformas digitales introduce nuevas formas de control económico y
simbólico sobre las trabajadoras sexuales, al condicionar su visibilidad,
reputación y acceso a ingresos mediante sistemas tecnológicos opacos y
desregulados en cuanto a su normatividad (Cueva y Bolagay,
2025). Así, la digitalización del trabajo sexual puede interpretarse como una
intensificación de la precarización contemporánea, donde la flexibilidad
operativa convive con la incertidumbre económica, la ausencia de protección
social y la fragmentación institucional.
El trabajo sexual
digital implica, además, transformaciones profundas en la construcción de
identidades laborales y en la gestión del estigma asociado a ocupaciones
consideradas moralmente cuestionadas en la sociedad latinoamericana y del
mundo. Investigaciones etnográficas han mostrado que las trabajadoras sexuales
que participan en dinámicas de web camming desarrollan
estrategias narrativas orientadas a legitimar su actividad y a construir
reconocimiento social, evidenciando que la gestión del estigma constituye un
componente central de su experiencia laboral (Caminhas,
2025).
La expansión del
trabajo mediado por tecnologías puede analizarse dentro de un marco más amplio
de transformación del poder digital y de las jerarquías sociales reproducidas
en el entorno virtual. Las grandes plataformas tecnológicas configuran una “política
sexual digital” mediante la cual se reproducen desigualdades de género y
dinámicas de explotación simbólica, al amplificar discursos sexistas, monetizar
la sexualización del cuerpo y consolidar nuevas formas de dominación mediadas
por la infraestructura digital (Gómez y Verdugo, 2024). La plataformización
de la vida social y el usos de redes sociales no solo
reorganiza la economía del trabajo sexual, sino que redefine los imaginarios
colectivos sobre la sexualidad, la intimidad y el valor del cuerpo femenino
como recurso productivo (Gordillo et al., 2025).
La literatura
feminista y el tecno activismo ha subrayado que el trabajo sexual en
línea produce formas interseccionales de opresión en las que el género, la racialización, la clase social y otras jerarquías
estructurales se intensifican en el escenario socio tecnológico contemporáneo. “Los
cuidados digitales es la denominación de un conjunto de estrategias de
seguridad digital elaboradas y divulgadas por activistas feministas en Internet
como forma de defensa y prevención ante ataques virtuales y otras agresiones
contra las mujeres y minorías en Internet” (Morales y Natansohn,
2025, p,8). Las tecnologías, lejos de ser neutrales, operan como dispositivos
que pueden profundizar desigualdades y consolidar nuevas modalidades de
control, sobre todo capitalista sobre los cuerpos y las identidades, al tiempo
que generan espacios de resistencia y activismo digital feminista, también
llamado tecno activismo orientado a democratizar el acceso y la seguridad en
internet Este enfoque permite comprender el trabajo sexual digital no solo como
una actividad económica, sino como una práctica situada en disputas más amplias
sobre poder tecnológico, ciudadanía digital y derechos humanos.
El análisis
jurídico comparado ha evidenciado que la comercialización de contenidos
sexuales mediante plataformas digitales plantea desafíos significativos para
los sistemas normativos tradicionales, especialmente en relación con los
límites entre prostitución, pornografía y ejercicio del libre desarrollo de la
personalidad. La incertidumbre jurídica debido a la ausencia de marcos
regulatorios claros, lo que dificulta la construcción de una cultura de
legalidad y deja a las trabajadoras en situaciones de inseguridad institucional
frente a los riesgos económicos, tecnológicos y de seguridad personal (Rojas y
Orozco, 2025) Esta falta de certidumbre normativa refuerza la necesidad de
enfoques regulatorios integrales que articulen protección laboral, derechos digitales
y perspectiva de género.
El trabajo sexual
en línea es un fenómeno claro donde se evidencia que la innovación tecnológica
no elimina las desigualdades históricas asociadas al género, la estigmatización
laboral, sino que puede transformarlas en nuevas formas de vulnerabilidad mediadas
por plataformas y sistemas de poder digital (Requesens et al., 2025). La
ausencia de marcos regulatorios claros, sumada a la influencia de las grandes
empresas tecnológicas en la configuración de imaginarios sociales y dinámicas
económicas, contribuye a consolidar escenarios de falta de garantías laborales,
exposición simbólica y riesgos de ciberseguridad que afectan la estabilidad y
el reconocimiento jurídico de las trabajadoras (Gómez y Verdugo, 2024; Rojas y
Orozco, 2025). Frente a este panorama, resulta indispensable avanzar hacia
enfoques normativos integrales que articulen protección laboral, derechos
digitales y perspectiva interseccional, con el fin de garantizar condiciones
más seguras y dignas en los entornos de trabajo sexual digital.
III.
Configuración jurídica de la seguridad laboral y la ciberseguridad en el
trabajo sexual digital
La discusión
jurídica sobre el trabajo sexual digital ha comenzado a adquirir mayor
relevancia en Colombia, donde decisiones judiciales recientes han reconocido la
existencia de relaciones laborales encubiertas en el modelaje webcam
cuando concurren elementos como subordinación, horario y dependencia económica.
Este desarrollo jurisprudencial evidencia la necesidad de adaptar el derecho
laboral a las transformaciones digitales del mercado de trabajo (Corte
Constitucional, 2024). El análisis del trabajo sexual digital en Colombia exige
situar esta actividad dentro del marco constitucional del derecho al trabajo,
la dignidad humana y los derechos digitales, principios que orientan la
protección de formas emergentes de empleo mediado por tecnologías (Pastor, 2028;
Leibe et al., 2023). En Colombia, la Constitución
Política reconoce el trabajo como un derecho y una obligación social que debe
desarrollarse en condiciones dignas y justas, lo que implica que las
transformaciones del mercado laboral digital no pueden quedar al margen de la
protección jurídica estatal (Constitución Política de Colombia, arts. 25 y 53).
La expansión del trabajo sexual en plataformas digitales plantea interrogantes
sobre el alcance real de estas garantías frente a modalidades laborales caracterizadas
por la falta de reconocimiento institucional (Diaz y Aparicio, 2024).
La jurisprudencia
constitucional ha contribuido a delimitar el tratamiento jurídico del trabajo
sexual al reconocer que su ejercicio voluntario constituye una actividad
económica que no puede ser objeto de exclusión absoluta del ámbito de
protección de los derechos fundamentales. En la Sentencia T-629 de 2010, la
Corte Constitucional estableció que las personas que ejercen la prostitución
tienen derecho a la protección frente a tratos discriminatorios y a la garantía
de condiciones mínimas de dignidad, lo que resulta particularmente relevante en
entornos digitales donde la prestación del servicio se articula con dinámicas
tecnológicas complejas. De forma complementaria, la Sentencia T-594 de 2016
reiteró la necesidad de adoptar enfoques diferenciales frente a grupos en
situación de inseguridad estructural, reconociendo que las trabajadoras
sexuales enfrentan barreras específicas en el acceso efectivo a derechos
sociales y laborales.
El modelaje webcam
evidencian que esta modalidad opera en una zona gris normativa caracterizada
por la coexistencia de permisividad práctica y desprotección jurídica, lo que
limita el acceso a seguridad social, estabilidad contractual y mecanismos
institucionales de defensa frente a abusos laborales o tecnológicos (Rodríguez
de Arce y Salazar Buitrago, 2021; Daza, 2024). Esta situación refleja la
dificultad del derecho del trabajo tradicional para adaptarse a formas de
empleo mediadas por plataformas digitales y algoritmos de gestión del
desempeño.
La evolución
jurisprudencial ha permitido avanzar en el reconocimiento del trabajo sexual
como actividad económica susceptible de protección constitucional,
especialmente a través de decisiones como la Sentencia T-629 de 2010 y la
Sentencia T-109 de 2021, en las cuales la Corte Constitucional analizó la
existencia de relaciones laborales reales en contextos de prestación de
servicios sexuales y digitales. Estos avances no han sido acompañados por una
regulación laboral específica que defina claramente las condiciones de
subordinación tecnológica, los mecanismos de afiliación a la seguridad social o
las responsabilidades de intermediarios como estudios webcam y plataformas
digitales.
La ausencia de un
régimen jurídico especializado en Colombia y en Latinoamérica genera una
tensión estructural entre la realidad socioeconómica del trabajo sexual digital
y las categorías tradicionales del derecho del trabajo colombiano, las cuales
fueron diseñadas para relaciones productivas presenciales y formalizadas. La
doctrina ha señalado que esta situación produce escenarios de ambigüedad
normativa donde coexisten el reconocimiento constitucional de derechos
fundamentales y la persistencia de prácticas laborales precarizadas que limitan
el acceso efectivo a garantías como la estabilidad laboral reforzada, el mínimo
vital y la protección frente a riesgos derivados del entorno digital (Hurtado y
Muñoz, 2022). El tratamiento jurídico del trabajo sexual digital en Colombia se
caracteriza por una progresiva constitucionalización del derecho laboral en
ausencia de regulación legislativa integral, lo que traslada a la
jurisprudencia la función de adaptar los principios laborales a las
transformaciones tecnológicas contemporáneas. Este fenómeno evidencia la
necesidad de construir marcos normativos que articulen protección laboral,
derechos digitales y enfoque diferencial de género, con el fin de responder de
manera coherente a las nuevas formas de prestación de servicios sexuales
mediadas por plataformas.
En el plano
comparado latinoamericano, se ha señalado que la comercialización de contenidos
sexuales mediante plataformas digitales plantea desafíos relevantes en torno a
los límites entre prostitución, pornografía y ejercicio del libre desarrollo de
la personalidad, especialmente en contextos donde estas actividades se
convierten en estrategias económicas de subsistencia. Estudios empíricos han
mostrado que la ausencia de claridad normativa dificulta la construcción de una
cultura de legalidad en torno al trabajo sexual digital, al tiempo que genera
incertidumbre sobre las responsabilidades de las plataformas tecnológicas y del
Estado en la protección de quienes participan en estos mercados (Rojas y
Orozco, 2025). Esta falta de certidumbre jurídica contribuye a consolidar
escenarios de informalidad persistente y a limitar la posibilidad de
reconocimiento laboral pleno.
La seguridad
laboral en el trabajo sexual digital se encuentra estrechamente vinculada a
riesgos propios de la ciberseguridad, los cuales han sido parcialmente
abordados por el legislador colombiano mediante la Ley 1273 de 2009, que
tipifica conductas como el acceso abusivo a sistemas informáticos, la
interceptación indebida de comunicaciones y la violación de datos personales.
En contextos donde la actividad laboral depende del manejo constante de
plataformas digitales, pagos electrónicos y difusión de contenido íntimo, estas
amenazas adquieren una dimensión profesional que impacta directamente la
continuidad del ingreso y la integridad personal de las trabajadoras. La
literatura especializada ha advertido que la exposición a delitos informáticos,
filtración de contenido íntimo, extorsión digital y suplantación de identidad
configura riesgos laborales emergentes que no han sido suficientemente
reconocidos por los sistemas de prevención tradicionales (Molina y Caballero,
2024).
La configuración
jurídica del trabajo sexual digital debe analizarse también desde enfoques
críticos sobre precarización laboral y explotación simbólica del cuerpo en
economías flexibilizadas. Estudios sociológicos han señalado que la plataformización del trabajo sexual implica procesos
simultáneos de autonomía económica relativa y subordinación estructural a
lógicas de mercado digital que condicionan la visibilidad, reputación y
rentabilidad de las trabajadoras, reproduciendo desigualdades de género y clase
en entornos virtuales (Ruiz, 2020).
IV.
Precariedad laboral y sexualización del trabajo en el capitalismo digital
Resulta pertinente
situar el análisis del trabajo sexual digital junto con las transformaciones
estructurales del capitalismo actual que se caracteriza por la expansión del
trabajo mediado por plataformas digitales, la flexibilización extrema de las
relaciones laborales y la monetización creciente de dimensiones corporales,
emocionales y relacionales donde siguen prevaleciendo las desigualdades de
género, características del sistema capitalista y patriarcal.” “Desde una
perspectiva de género, estas plataformas pueden definirse como espacios idóneos
para las (ciber)violencias sexuales, instituciones que “venden
a las mujeres,
su sexualidad y sus cuerpos”
a los hombres,
los únicos compradores” (Gracia,
2024, p.14). Según Acosta (2023), estas
dinámicas evidencian que la digitalización no constituye únicamente un cambio
tecnológico, sino un proceso de necesidad de productividad que redefine las
formas de acumulación económica que puede incluir la incorporación del cuerpo,
la sexualidad y la interacción simbólica como recursos productivos dentro de
economías digitales que son globalizadas.
La sexualización
del trabajo no constituye un fenómeno aislado, sino una dimensión transversal
de múltiples sectores productivos contemporáneos donde la imagen corporal, la
performatividad emocional y la construcción de identidades digitales adquieren
valor económico. Para García (2024), la digitalización de la industria del sexo
amplifica procesos históricos de explotación y desigualdad mediante la
expansión de mercados globales de contenido sexual en línea, los cuales operan
bajo mega estructuras tecnológicas que favorecen la concentración de poder
económico en plataformas digitales y limitan la autonomía real de quienes
participan en estas dinámicas laborales.
En el caso
específico del modelaje webcam y otras formas de trabajo sexual digital, la
flexibilidad laboral se traduce frecuentemente en ausencia de contratos
formales, ingresos inestables y externalización de riesgos económicos y
tecnológicos hacia las trabajadoras. Según, Rodríguez de Arce y Salazar (2021),
estas modalidades operan en marcos normativos ambiguos donde no existe
reconocimiento claro de la relación laboral, lo que dificulta el acceso a
seguridad social, mecanismos de negociación colectiva y protección frente a
abusos económicos o violencias laborales. Esta situación genera una asimetría
significativa de poder entre plataformas, estudios intermediarios y
trabajadoras sexuales digitales, reforzando estructuras de subordinación
encubierta que cuestionan las narrativas de emprendimiento y autonomía
asociadas al trabajo digital.
El sexual digital
implica además una gestión constante del estigma social vinculado a las
denominadas “dirty works”,
actividades moralmente cuestionadas que requieren estrategias simbólicas de
legitimación y reconocimiento. Estudios etnográficos como el de Caminhas (2025), han mostrado que las trabajadoras
desarrollan narrativas orientadas a resignificar su labor como fuente de
autonomía económica y desarrollo personal, al tiempo que enfrentan formas
persistentes de discriminación y control social en entornos digitales. Estas
discrepancias evidencian que la precariedad laboral no solo tiene dimensiones
materiales, sino también simbólicas y emocionales, configurando experiencias
laborales atravesadas por la búsqueda de reconocimiento social en contextos marcados
por desigualdad moral y vigilancia tecnológica.
La expansión del
trabajo sexual digital debe analizarse en relación con procesos de violencia
sexual y precariedad institucional que afectan tanto a quienes prestan
servicios sexuales como a los profesionales encargados de su atención.
Revisiones de literatura han identificado condiciones laborales deficientes,
falta de apoyo técnico y redes de protección insuficientes en contextos
vinculados a la atención de violencia sexual, lo que evidencia déficits
estructurales en las políticas públicas destinadas a garantizar seguridad y
bienestar en entornos laborales altamente vulnerables. Estos hallazgos permiten
comprender el trabajo sexual digital dentro de un continuum de falta de
garantías institucionales
donde la falta de preparación estatal y profesional contribuye a
la reproducción de riesgos laborales y sociales (Nunes y Morais, 2021).
La ausencia
normativa en torno al trabajo sexual digital en Colombia y en Latinoamérica
reflejan las dificultades del derecho laboral y de las políticas públicas para
adaptarse a las transformaciones tecnológicas contemporáneas. La ausencia de
marcos normativos integrales favorece la persistencia de economías informales
digitales caracterizadas la inseguridad jurídica y exposición constante a
riesgos económicos, simbólicos y tecnológicos. En este sentido, la precariedad
laboral del trabajo sexual digital no puede interpretarse únicamente como
resultado de decisiones individuales o dinámicas de mercado, sino como
expresión de desigualdad estructural entre innovación tecnológica, desigualdad
social y falta de reconocimiento jurídico en el capitalismo digital
contemporáneo.
V.
Riesgos de ciberseguridad y violencia digital en el trabajo sexual en línea
La seguridad
laboral en el trabajo sexual digital puede comprenderse a partir de los riesgos
específicos derivados de la mediación tecnológica que caracteriza estas
modalidades de prestación de servicios. La exposición constante a entornos
virtuales, la circulación de contenido íntimo y la dependencia de plataformas
digitales incrementan la probabilidad de experimentar fenómenos como el
ciberacoso, la suplantación de identidad, la extorsión sexual digital o la
divulgación no consentida de material sensible, configurando formas de
violencia que trascienden los marcos tradicionales del riesgo ocupacional
asociados al trabajo presencial (Uribe et al., 2022).
La violencia
digital en el trabajo sexual en línea no solo adopta formas simbólicas o
discursivas, sino también prácticas económicas y laborales concretas. Informes
recientes han evidenciado que las trabajadoras pueden enfrentar amenazas
relacionadas con la difusión no consentida de contenido íntimo, presión
algorítmica para incrementar su rendimiento y condiciones de trabajo insalubres
dentro de estudios físicos asociados a plataformas digitales (Human Rights Watch, 2024; Voz de
América, 2024). Según Sánchez, (2023), la ciberviolencia
de género constituye una prolongación de relaciones históricas de disparidad y
dominación que se reproducen y amplifican en los entornos digitales. Las
plataformas tecnológicas pueden convertirse en escenarios de hostigamiento
sistemático, vigilancia simbólica y control económico que afectan de manera
desproporcionada a mujeres y personas con identidades sexo-genéricas diversas,
especialmente cuando participan en economías informales o en actividades
socialmente estigmatizadas como el trabajo sexual en línea. Informes
internacionales han documentado que estas experiencias de violencia digital
generan impactos significativos en la salud mental, la estabilidad económica y
la continuidad de la actividad laboral, al provocar autocensura, pérdida de
reputación digital y disminución de ingresos derivados de la visibilidad en
plataformas (Amnistía Internacional, 2022).
En el caso
específico del trabajo sexual online, la dependencia económica de la
presencia en línea intensifica las consecuencias de la violencia tecnológica,
ya que la exposición pública se convierte simultáneamente en fuente de
ingresos. El trabajo mediado por plataformas ha mostrado que la arquitectura
algorítmica de visibilidad y reputación, es decir las formas de posicionamiento
y competencia laboral en red, puede reforzar dinámicas de precarización al
trasladar los riesgos de seguridad hacia las trabajadoras, quienes deben
gestionar individualmente amenazas tecnológicas sin contar con mecanismos
institucionales efectivos de protección o reparación (Suárez y Matés, 2024).
La literatura
feminista sobre tecnología ha advertido que la escasa participación de mujeres
en campos relacionados con la ciberseguridad y el diseño de infraestructuras
digitales contribuye a la invisibilización de formas
específicas de abuso tecnológico que afectan de manera diferencial a las
usuarias. Estudios especializados han señalado que la ausencia de enfoques de
género en el desarrollo de sistemas de protección informática puede limitar la
identificación de amenazas vinculadas a la explotación sexual digital,
dificultando la creación de soluciones inclusivas orientadas a garantizar la
seguridad y la autonomía en línea (Molina y Caballero, 2024).
El análisis crítico
del poder digital ha permitido evidenciar que las grandes plataformas
tecnológicas desempeñan un papel estructural en la configuración de escenarios
de riesgo al concentrar capacidades de control sobre la circulación de
contenidos, la monetización de la intimidad y la regulación informal de las
interacciones laborales. Estas dinámicas contribuyen a la reproducción de
desigualdades entre hombres y mujeres y a la consolidación de formas de
explotación simbólica que, aunque mediadas por tecnologías innovadoras,
mantienen continuidades con patrones históricos de violencia y subordinación
(Gómez y Verdugo, 2024). Abordar los riesgos de ciberseguridad en el trabajo
sexual en línea implica reconocer que la protección laboral digital requiere
respuestas normativas integrales capaces de equilibrar innovación tecnológica,
derechos humanos y equidad de género tecnológica.
VI.
Respuestas institucionales e iniciativas de protección frente a la inseguridad
laboral y la violencia digital
El reconocimiento
de los riesgos asociados al trabajo sexual digital ha comenzado a generar
respuestas institucionales orientadas a fortalecer la protección laboral y la
seguridad digital de las trabajadoras en entornos tecnológicos. A nivel
internacional, organismos como la International Labour
Organization (en adelante ILO) han advertido que la
expansión del trabajo en plataformas requiere marcos regulatorios que
garanticen condiciones mínimas de protección social, acceso a mecanismos de
resolución de conflictos y reconocimiento de derechos laborales básicos,
especialmente en contextos caracterizados por altos niveles de informalidad
(ILO, 2021).
En América Latina,
se ha señalado la existencia de vacíos normativos significativos en relación
con la comercialización digital de contenido sexual, lo que dificulta la
implementación de políticas públicas coherentes con los principios de libertad
individual, dignidad laboral y protección frente a la violencia tecnológica.
Investigaciones sociojurídicas muestran que la falta
de certidumbre normativa limita la capacidad de las trabajadoras sexuales
digitales para acceder a mecanismos de protección institucional y a sistemas de
seguridad social, reproduciendo condiciones de desistimiento estructural en
entornos virtuales (Rojas y Orozco, 2025).
La evidencia
empírica sobre violencia digital contra mujeres ha impulsado iniciativas
orientadas al desarrollo de programas de alfabetización digital, protocolos de
seguridad en plataformas y estrategias de prevención del ciberacoso. Informes
de organizaciones de derechos humanos han documentado la necesidad de
implementar políticas integrales que combinen medidas tecnológicas, educativas
y jurídicas para reducir la exposición a amenazas como la extorsión digital, la
difusión no consentida de contenido íntimo y la suplantación de identidad.
Estas iniciativas reconocen que la protección frente a la violencia digital no
puede limitarse a respuestas punitivas, sino que requiere enfoques preventivos
centrados en el empoderamiento digital y el fortalecimiento institucional
(Amnistía Internacional, 2022).
En el ámbito de la
ciberseguridad, investigaciones recientes han enfatizado la importancia de
incorporar perspectivas de género en el diseño de sistemas tecnológicos y
políticas de seguridad informática, con el fin de abordar formas específicas de
abuso digital que afectan de manera desproporcionada a las mujeres. La baja
participación femenina en campos relacionados con la seguridad digital ha sido
identificada como un factor que contribuye a la invisibilización
de riesgos asociados al uso intensivo de plataformas y redes sociales, lo que
dificulta la formulación de soluciones inclusivas y efectivas (Molina y
Caballero, 2024).
En el caso
colombiano, el crecimiento de la industria del modelaje webcam ha generado
debates sobre la necesidad de reconocer esta actividad como forma de trabajo
digital sujeta a regulación sociolaboral. Estudios jurídicos han señalado que
la ausencia de reconocimiento formal limita el acceso a derechos fundamentales
como la seguridad social, la estabilidad económica y la protección frente a
formas de explotación tecnológica, lo que refuerza la urgencia de desarrollar
mecanismos normativos específicos para este sector (Rodríguez de Arce y
Salazar, 2021; Daza, 2024). Estas discusiones evidencian que la regulación del
trabajo sexual digital no solo implica resolver conflictos jurídicos, sino
también abordar dimensiones éticas, económicas y tecnológicas vinculadas a la
transformación contemporánea del trabajo.
El análisis
comparado permite identificar tendencias emergentes orientadas a la
construcción de enfoques integrales de seguridad laboral y ciberseguridad que
articulen derechos humanos, justicia tecnológica y reconocimiento sociolaboral.
La literatura regional sugiere que las políticas públicas más efectivas son
aquellas que combinan regulación normativa, fortalecimiento institucional y
participación activa de las propias trabajadoras en el diseño de estrategias de
protección, lo que contribuye a reducir la denominada “doble
vulnerabilidad” asociada a la informalidad y a la exposición a riesgos
digitales (Cueva y Bolagay, 2025).
La persistencia de
condiciones laborales precarias documentadas en estudios webcam colombianos
confirma que la digitalización no elimina las desigualdades estructurales del
trabajo sexual, sino que puede intensificarlas mediante nuevas formas de
control tecnológico y explotación económica (Human Rights
Watch, 2024). El análisis permitió evidenciar que la
transformación del trabajo sexual en entornos digitales no constituye
únicamente una innovación tecnológica, sino una reconfiguración estructural del
empleo en contextos de capitalismo tecnológico caracterizados por
flexibilización extrema, monetización de la intimidad y dependencia de
infraestructuras digitales. En América Latina, estos procesos se insertan en
economías con altos niveles de informalidad laboral y desigualdad de género, lo
que implica que la digitalización no elimina la precariedad, sino que la
reorganiza mediante nuevas formas de subordinación tecnológica (ILO, 2021;
Cueva y Bolagay, 2025). De esta forma, se redefine
las trayectorias laborales, los mecanismos de acceso a ingresos y las dinámicas
de reconocimiento social del trabajo sexual, evidenciando tensiones permanentes
entre autonomía económica y control algorítmico.
Se constató que la
seguridad laboral de las trabajadoras sexuales digitales está profundamente
condicionada por riesgos específicos de ciberseguridad y violencia digital de
género, los cuales adquieren una dimensión ocupacional debido a la dependencia
económica de la visibilidad en línea. Fenómenos como la filtración no
consentida de contenido íntimo, la extorsión sexual digital o la suplantación
de identidad afectan la integridad personal e impactan directamente la
continuidad laboral y la estabilidad económica de quienes ejercen esta
actividad (Gómez y Verdugo, 2024; Amnistía Internacional, 2022)..
Aunque ha habido
pequeños avances, este análisis permitió identificar una ausencia en la
normatividad en Colombia y otros contextos latinoamericanos frente al
reconocimiento sociolaboral del trabajo sexual digital. La ausencia de marcos
normativos solidos dificulta el acceso a seguridad social, estabilidad
contractual y mecanismos institucionales de protección frente a riesgos
tecnológicos y económicos, consolidando escenarios de ambigüedad jurídica
(Rodríguez de Arce y Salazar, 2021; Daza, 2024; Rojas y Orozco, 2025).
Se evidencia la
existencia de una convergencia estructural entre lo sociolaboral y exposición a
riesgos tecnológicos, configurando lo que se conceptualiza como la doble
vulnerabilidad propia del trabajo sexual digital. Esta condición emerge de la
interacción entre estigmatización social y dependencia de sistemas algorítmicos
de reputación y mercantilización , lo que genera
entornos laborales marcados por incertidumbre permanente y externalización de
los riesgos hacia las propias trabajadoras (Barwulor
et al., 2021). La digitalización del trabajo sexual debe comprenderse
así como un fenómeno que trasciende las categorías tradicionales del derecho
del trabajo y exige análisis interdisciplinarios desde la justicia tecnológica
y los derechos humanos.
Se logró
identificar tendencias regionales orientadas a la construcción de políticas
públicas que integren regulación normativa, alfabetización digital y
fortalecimiento institucional como estrategias para reducir la violencia
tecnológica y mejorar la autonomía económica de las trabajadoras sexuales
digitales. La literatura sugiere que las respuestas más efectivas son aquellas
que incorporan perspectivas de género en el diseño de sistemas de
ciberseguridad y reconocen la participación activa de las propias trabajadoras
en la formulación de mecanismos de protección (Molina y Caballero, 2024;
Castaño y Webster, 2024).
Resulta necesario y
pertinente que el trabajo sexual digital se reconozca como una cuestión de
justicia social para la ciudadanía digital, sobre todo en sociedades afectadas
por una marcada desigualdades sociales como Colombia y Latinoamérica. La
construcción colectiva de marcos normativos adaptados a las transformaciones
del trabajo en línea representa uno de los principales desafíos para los
sistemas jurídicos contemporáneos, los cuales deben equilibrar la protección de
derechos fundamentales con el respeto por la autonomía individual. Futuras
investigaciones podrán profundizar en estudios empíricos locales, evaluar el
impacto de iniciativas regulatorias emergentes y explorar modelos innovadores
de protección que integren seguridad laboral, ciberseguridad y participación
colectiva y comunitaria en la gobernanza del trabajo digital.
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