Importance of green spaces in higher education:
psychological well-being, learning and sustainability in universities in
Nicaragua (2022-2026)
Bryan
Alexander Jaime Manzanarez*
bryan.jaime@unan.edu.ni
https://orcid.org/0000-0002-7622-4962
UNAN-Managua
DOI: https://doi.org/10.62407/pnmnre34
Recibido:
06/04/2026
Aceptado: 17/06/2025
*Dr. Educación, énfasis en
Investigación (UNIJJAR). MSc. Docencia Universitaria y Lic. en Comunicación
(UNAN-Managua).
Resumen
El presente ensayo científico analiza la importancia de los
espacios verdes en la educación superior como componentes estratégicos para el
bienestar psicológico, la motivación en el aprendizaje, la calidad de la
experiencia académica y la sostenibilidad institucional. El objetivo es
examinar, desde una perspectiva académica y ambiental, cómo las áreas verdes
universitarias contribuyen a la satisfacción psicológica, la reducción del
estrés, la mejora del estado de ánimo, la interacción social y la formación de
una cultura ecológica. El estudio se desarrolla bajo un enfoque de revisión de
literatura o investigación documental, mediante el análisis de fuentes
científicas y normativas relacionadas con el impacto de los espacios verdes en
la educación superior y su articulación con políticas ambientales y educativas
vigentes. El análisis evidencia que los espacios verdes no deben concebirse
como elementos ornamentales, sino como ambientes educativos que favorecen la
concentración, el descanso cognitivo, la convivencia y la apropiación positiva
del recinto. Asimismo, se destaca que su adecuada planificación permite
articular infraestructura, currículo, investigación, participación estudiantil
y gestión ambiental. En Nicaragua, el Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza
y para el Desarrollo Humano 2022-2026 y la Estrategia Nacional de Educación
“Bendiciones y Victorias” 2024-2026 orientan acciones relacionadas con la
protección ambiental, la adaptación climática y la formación de valores. Se
concluye que los espacios verdes fortalecen la misión universitaria al
integrar bienestar, aprendizaje y sostenibilidad en un mismo proyecto
formativo, convirtiéndose en escenarios esenciales para una educación superior
más humana, saludable y comprometida con el ambiente, con impacto directo en
estudiantes, docentes y comunidades vinculadas al entorno universitario
actual.
Palabras clave: espacios verdes, educación
superior, bienestar psicológico, aprendizaje, sostenibilidad.
Abstract
This scientific essay analyzes the
importance of green spaces in higher education as strategic components for
psychological well-being, motivation in learning, the quality of the academic
experience and institutional sustainability. The objective is to examine, from
an academic and environmental perspective, how university green areas
contribute to psychological satisfaction, stress reduction, mood improvement,
social interaction and the formation of an ecological culture. The study is
developed under a literature review or documentary research approach, through
the analysis of scientific and regulatory sources related to the impact of
green spaces in higher education and their articulation with current
environmental and educational policies. The analysis shows that green spaces
should not be conceived as ornamental elements, but as educational environments
that favor concentration, cognitive rest, coexistence and positive
appropriation of the campus. Likewise, it is highlighted that its adequate
planning allows for the coordination of infrastructure, curriculum, research,
student participation and environmental management. In Nicaragua, the National
Plan to Fight Poverty and Human Development 2022-2026 and the National
Education Strategy “Blessings and Victories” 2024-2026 guide actions related to
environmental protection, climate adaptation and the formation of values. It is
concluded that green spaces strengthen the university mission by integrating
well-being, learning and sustainability in the same training project, becoming
essential settings for a more humane, healthy and environmentally committed
higher education, with a direct impact on students, teachers and communities
linked to the current university environment.
Keywords: green
spaces, higher education, student well-being, learning, sustainability.
La educación superior en su quehacer cotidiano enfrenta el
reto de formar profesionales en un escenario marcado por responsabilidades
académicas, cambios ambientales, urbanización acelerada y nuevas necesidades de
bienestar estudiantil. En este contexto, las instituciones universitarias no
pueden ser entendidas únicamente como espacios destinados a aulas,
laboratorios, oficinas y bibliotecas, sino como ambientes integrales que
influyen en la experiencia educativa, la salud mental, la interacción social y
la conciencia ambiental.
El presente ensayo se desarrolla bajo un enfoque de
investigación documental o revisión de literatura, a partir del análisis de
fuentes científicas, normativas y académicas relacionadas con la importancia
de los espacios verdes en la educación superior. Este procedimiento
metodológico permite interpretar y sistematizar evidencia existente sobre la
relación entre áreas verdes universitarias, bienestar psicológico, motivación
en el aprendizaje y sostenibilidad institucional.
En este sentido, los espacios verdes universitarios adquieren
una importancia especial porque articulan dimensiones pedagógicas,
psicológicas, sociales y ecológicas, es decir, no se trata únicamente de
jardines decorativos, áreas de descanso o cumplimiento de infraestructura para
fines de evaluación, sino de condiciones ambientales capaces de favorecer la
restauración psicológica, mejorar la percepción del entorno, promover la
convivencia y fortalecer una cultura institucional orientada a la
sostenibilidad. En ese sentido, Aguilar y Ortega-Andeane
(2020) sostienen que “el ambiente físico juega un papel importante en la
experiencia de estrés y que existe relación entre la exposición a ambientes
naturales y la recuperación frente al estrés fisiológico y la fatiga mental”
(p. 80).
De manera complementaria, Barrientos-Gutiérrez (2022)
evidencia que las áreas verdes universitarias pueden transformar el ambiente de
aprendizaje, ya que en su estudio de caso los estudiantes asociaron jardines y
arbolado con relajación, tranquilidad, mejora del ánimo y condiciones
favorables para las actividades académicas (p. 149). Por ello, los entornos
ecológicos deben incorporarse a la discusión sobre calidad educativa,
infraestructura y formación integral.
El objetivo de este ensayo científico es analizar la
importancia de los espacios verdes en la educación superior a partir de cuatro
dimensiones: su contribución al bienestar psicológico, su relación
con los ambientes de aprendizaje, su aporte a la sostenibilidad universitaria y
su articulación en el contexto nicaragüense mediante el Plan Nacional de Lucha
contra la Pobreza y para el Desarrollo Humano 2022-2026 y la Estrategia
Nacional de Educación “Bendiciones y Victorias” 2024-2026. Nuevo párrafo: use
este estilo cuando necesite comenzar un nuevo párrafo.
La vida universitaria implica múltiples exigencias
académicas, sociales y emocionales, una etapa donde los estudiantes deben
adaptarse a horarios, evaluaciones frecuentes, presión por el rendimiento, toma
de decisiones profesionales y, en muchos casos, cambios en sus redes familiares
y sociales. Los espacios verdes pueden funcionar como ambientes de tranquilidad
Aguilar y Ortega-Andeane (2020)
explican que la teoría de restauración de la atención plantea que la naturaleza
posee estímulos que facilitan la recuperación de la fatiga cognitiva,
especialmente cuando las personas han sostenido esfuerzos prolongados de
concentración (pp. 81-82). Esta idea es relevante para la educación superior,
debido a que el aprendizaje universitario exige lectura intensa, resolución
creativa de problemas, análisis de información y permanencia prolongada en los
recintos por actividades académicas. Por tanto, los espacios verdes pueden
convertirse en recursos ambientales que ayudan a compensar la sobrecarga
cognitiva propia de la vida universitaria.
Asimismo, Aguilar y Ortega-Andeane
(2020) señalan que “la interacción con espacios naturales puede mejorar el
estado de ánimo y la atención y reducir el estrés” (p. 82). Esta afirmación
permite sostener que el contacto con áreas verdes no debe entenderse como una
experiencia secundaria o recreativa, sino como un factor ambiental que puede
contribuir al equilibrio psicológico del estudiante. En una universidad, esto
puede expresarse en jardines, huertos, patios con sombra, zonas de descanso o
espacios abiertos.
La evidencia también se relaciona con la actividad física en
ambientes naturales. Ballester-Martínez et al. (2022) desarrollaron una
revisión sistemática sobre actividad física, naturaleza y bienestar mental, en
la cual identificaron que el ejercicio en ambientes naturales se asocia con
aumento de emociones positivas, disminución del afecto negativo, reducción de
respuestas fisiológicas vinculadas al estrés, mayor atención, energía y
satisfacción (p. 69). Aunque el estudio se centra en actividad física, sus
resultados son útiles para el ámbito universitario, porque las áreas verdes
pueden facilitar caminatas, pausas activas, actividades deportivas y de
recreación al aire libre.
En esa misma línea, Luna-Machado et al. (2025) estudiaron el
impacto de las áreas verdes en una sede de educación superior en Ecuador y
señalaron que la presencia de espacios verdes resulta muy importante para el
bienestar estudiantil y el rendimiento académico, además de ofrecer información
útil para la planificación sostenible del campus (p. 29). Esta investigación
permite reforzar el argumento de que el bienestar universitario no depende
únicamente de servicios psicológicos o actividades extracurriculares, sino
también de la calidad del ambiente físico donde se desarrolla la experiencia
educativa.
La relación entre espacios verdes, bienestar psicológico y
rendimiento académico puede comprenderse mejor si se considera que el
aprendizaje no depende únicamente de la capacidad intelectual del estudiante,
sino también de otros factores como sus condiciones emocionales, familiares y
entornos ambientales.
Asimismo, Terrazas-Núñez (2022) sostiene que los estudiantes
expuestos regularmente a áreas verdes podrían presentar mejor rendimiento
académico que aquellos que no tienen contacto frecuente con estos entornos (p.
37). Esta idea permite profundizar el argumento central del ensayo, porque
ubica a los espacios verdes como mediadores ambientales entre bienestar psicológico
y aprendizaje. En otras palabras, un recinto con áreas verdes accesibles,
seguras y funcionales no solo mejora la percepción del entorno universitario,
sino que también puede favorecer las condiciones psicológicas necesarias para
estudiar, participar en clase, sostener la motivación académica y permanecer
activamente vinculado con la vida universitaria.
Esta relación puede interpretarse
desde la teoría de la restauración de la atención propuesta por Kaplan, la cual
sostiene que los entornos naturales facilitan la recuperación de la atención
dirigida, es decir, aquella que se utiliza de manera voluntaria para
concentrarse en tareas académicas y cognitivas, la cual se fatiga con el uso
prolongado en actividades cotidianas (Kaplan, 1995, p. 170). Desde esta
perspectiva, los espacios verdes permiten restablecer los recursos atencionales
mediante procesos como la “fascinación suave”, que capta la atención sin
esfuerzo, y la sensación de “estar lejos”, que implica una desconexión
psicológica de las demandas rutinarias (Kaplan, 1995, p. 172). En este sentido,
la exposición a áreas verdes dentro del entorno universitario no solo favorece
el bienestar emocional, sino que también contribuye a recuperar la capacidad de
concentración, reducir la fatiga mental y mejorar el desempeño académico.
Por tanto, los espacios verdes cumplen una función preventiva
y promotora del bienestar, sin embargo, es
Tradicionalmente, el aprendizaje universitario se ha asociado
al aula, la biblioteca o el laboratorio, sin embargo, los estudios recientes
sobre ambientes educativos muestran que los espacios abiertos
Sandoval Rosales (2024) sostiene que los espacios abiertos
universitarios pueden ser considerados una extensión de los ambientes
interiores de formación, ya que favorecen interacciones sociales, salud física
y mental, actividades informales y procesos de aprendizaje fuera del aula (p.
1). Desde una cita más detallada, el autor afirma que “todos los espacios de la
universidad incluyendo los abiertos, públicos o de uso común, deben ser
concebidos como espacios de aprendizaje” (p. 3).
Por otro lado, en el estudio de Barrientos Gutiérrez (2022),
los jardines y grandes extensiones de árboles fueron valorados positivamente
por los estudiantes. Ante la pregunta sobre si estos espacios mejoraban el
estado de ánimo, las respuestas favorables sumaron 85.7 %, resultado obtenido
de 48 % de estudiantes “muy de acuerdo” y 37.7 % “de acuerdo” (pp. 141-142).
Este dato es importante porque pone de manifiesto la percepción de los
estudiantes sobre el estado de ánimo y su influencia en la disposición para
aprender, participar y permanecer en el entorno académico. En otras palabras,
un espacio agradable, sombreado, verde y accesible puede mejorar la relación
subjetiva del estudiante con su institución.
Además, Barrientos Gutiérrez concluye que la flora
universitaria puede propiciar ambientes favorables, asociados con “des-estrés, serenidad, tranquilidad y bienestar
estudiantil” (2022, p. 149). Este argumento permite comprender que el espacio
verde no solo cumple una función estética, sino también emocional y pedagógica.
En el marco de la educación superior, donde el rendimiento académico suele
analizarse desde indicadores cuantitativos, resulta necesario reconocer que el
ambiente físico también influye en la motivación, la concentración y la
experiencia de aprendizaje.
Por su parte, Briones Macías et al. (2024) aportan una mirada
complementaria al sostener que la infraestructura verde urbana en espacios
educativos puede contribuir al proceso de enseñanza-aprendizaje, al bienestar y
a la motivación de la comunidad académica (p. 282). Desde esta perspectiva, las
áreas verdes no deben considerarse espacios residuales entre edificios, sino
zonas planificadas con objetivos educativos, ambientales y sociales. Una
universidad que diseña zonas verdes con criterios pedagógicos puede utilizarlas
para actividades de investigación, educación ambiental, trabajo colaborativo,
lectura, descanso activo y aprendizaje experiencial.
También es importante considerar la calidad de estos
espacios, es decir, no basta con que existan áreas verdes, sino que éstas
también deben ser accesibles, seguras, inclusivas, cuidadas y funcionales.
Desde esta posición, Luna Machado et al. (2025), muestran que el análisis de
áreas verdes en los ambientes universitarios permite identificar cobertura
vegetal, zonas de influencia, estado de conservación y percepción de los
usuarios (p. 38). Esto evidencia que la planificación sobre la infraestructura
de un recinto universitario debe basarse en diagnósticos técnicos y no
únicamente en decisiones ornamentales.
En definitiva, los espacios verdes pueden fortalecer la
experiencia académica cuando se integran al modelo educativo institucional
donde su importancia no se limita a ofrecer descanso entre clases; sino que
también permiten ampliar las formas de aprender, fomentar la observación del
entorno, promover la conciencia ambiental y favorecer interacciones que
enriquecen la vida universitaria. Desde el paradigma del socio-constructivismo
ecológico, los espacios verdes universitarios pueden comprenderse como
ambientes formativos donde el aprendizaje no se reduce a la transmisión de
contenidos, sino que se construye mediante la interacción entre sujetos,
contexto y experiencia.
En esta línea, Alguera Oviedo y Mendoza Jacomino
(2023) señalan que la práctica de enseñanza-aprendizaje-evaluación debe
“trascender del concepto tradicional de transmitir información, por un concepto
más amplio, más formativo, más innovador, conforme el socio constructivismo
ecológico” (p. 46). Esta perspectiva permite interpretar las áreas verdes como
escenarios pedagógicos activos, capaces de favorecer la observación, la
colaboración, la reflexión ambiental y la apropiación significativa del recinto
universitario.
De manera complementaria, Ribosa (2020) sostiene que, desde
el enfoque socioconstructivista, la motivación se
vincula con las propiedades del contexto y con las relaciones entre compañeros
(p. 83), por lo que los espacios verdes pueden fortalecer la experiencia
académica al generar condiciones ambientales y sociales que estimulan el
aprendizaje situado, la convivencia universitaria y la construcción colectiva
de conocimientos.
Desde esta perspectiva, la sostenibilidad universitaria
implica que las instituciones de educación superior no solo comparten y
dialogan sobre contenidos ambientales, sino que organizan su infraestructura,
gestión y cultura institucional de manera coherente con dichos principios. En
este marco, los espacios verdes se constituyen en componentes estratégicos
porque permiten conectar la formación académica con prácticas concretas de
cuidado ambiental, conservación de la biodiversidad, mitigación climática, responsabilidad
social y construcción de una cultura universitaria comprometida con el
desarrollo sostenible.
Pedroza Flores y Reyes Fabela (2022) advierten que algunas
instituciones de educación superior han abordado la sostenibilidad desde una
perspectiva limitada, centrada en acciones técnicas como “la creación de áreas
verdes, ahorro de energía eléctrica, ahorro de agua, tratamiento de residuos”
(p. 309). Esta postura es importante porque permite señalar que los espacios
verdes, aunque necesarios, no deben ser acciones aisladas. Para que tengan un
verdadero valor social, deben articularse con políticas institucionales,
investigación, currículo, participación estudiantil y gestión ambiental.
En esa misma línea, Figueroa García et al. (2023) proponen un
modelo de sustentabilidad para instituciones de educación superior que incluye
dimensiones como infraestructura, energía, residuos, agua, movilidad y
biodiversidad (p. 105). Su aporte es relevante porque permite comprender que
los espacios verdes forman parte de una gestión universitaria más amplia. No se
trata únicamente de sembrar árboles, sino de diseñar un sistema ambiental que
conecte áreas verdes, movilidad sostenible, manejo de residuos, uso eficiente del
agua y cultura ecológica.
Por otro lado, Álvarez Castañón y Sarmiento Ramírez (2024)
sostienen que la universidad enfrenta el desafío de transitar de una educación
ambiental tradicional hacia una educación climática universitaria, capaz de
responder a los problemas socioambientales actuales (p. 86). Desde esta
perspectiva, los espacios verdes universitarios pueden funcionar como
escenarios concretos para desarrollar educación climática, ya que permiten
observar fenómenos como temperatura, sombra, biodiversidad, manejo del agua, riesgo
ambiental y adaptación al cambio climático.
Lizama Pérez (2024) también aporta al señalar que los
jardines etnobiológicos universitarios pueden ser más
que espacios físicos, pues actúan como catalizadores de investigación
interdisciplinaria, diálogo de saberes, conservación de biodiversidad y
relación entre universidad y comunidad (p. 28). Esta mirada amplía la función
de los espacios verdes, porque los conecta con identidad cultural, patrimonio
biológico, conocimientos tradicionales y extensión universitaria.
De esta manera, los espacios verdes pueden asumir cuatro
funciones dentro de la educación superior: primeramente, una función ecológica,
al contribuir a la regulación térmica, la biodiversidad y la mejora ambiental
del campus, en segundo aspecto, una función educativa, al convertirse en
escenarios para aprender sobre sostenibilidad, clima y biodiversidad. En un
tercer elemento, una función social, al favorecer encuentros, convivencia y
participación. Finalmente, una función institucional, al expresar el compromiso
de la universidad con el
Dentro de una Institución de Educación Superior, este
desarrollo sostenible no debe entenderse únicamente como la protección del
ambiente, sino como la integración equilibrada de la gestión institucional, la
formación académica, la investigación, la cultura ambiental y la
responsabilidad social. Por ello, una IES sostenible es aquella que articula
sus funciones sustantivas con prácticas concretas de cuidado ambiental,
bienestar comunitario, uso responsable de recursos, producción de conocimiento
y vinculación con la sociedad.
Por ello, las universidades deberían evaluar sus áreas verdes
mediante indicadores claros, tales como superficie verde por estudiante,
accesibilidad, sombra, diversidad vegetal, mantenimiento, seguridad, uso
pedagógico, participación estudiantil y relación con políticas ambientales
institucionales. Estos indicadores permitirían pasar de una visión decorativa
del recinto a una gestión estratégica del ambiente universitario, en la que los
espacios verdes contribuyen de manera concreta al aprendizaje, al bienestar
psicológico, a la motivación académica y al compromiso institucional con la
sostenibilidad.
En correspondencia con lo expuesto, es recomendable que la
sostenibilidad universitaria pase de una presencia ornamental de áreas verdes a
una gestión estratégica del recinto como ambiente educativo. Los espacios
verdes deben ser planificados, evaluados y utilizados como parte de la misión
universitaria de formar profesionales capaces de comprender y transformar su
entorno.
En el caso de Nicaragua, la importancia de los espacios
verdes en la educación superior puede analizarse desde dos documentos
normativos actuales promovidos por el Gobierno de Reconciliación y Unidad
Nacional (GRUN). En primer lugar, el Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza y
para el Desarrollo Humano 2022-2026 y la Estrategia Nacional de Educación en
todas sus modalidades “Bendiciones y Victorias” 2024-2026. Ambos documentos
permiten ubicar el tema dentro de una orientación nacional que vincula educación,
juventud, ambiente, cambio climático y cuidado de la Madre Tierra.
En primer lugar, el Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza
y para el Desarrollo Humano 2022-2026 plantea líneas relacionadas con la
conservación, protección de la Madre Tierra y adaptación al cambio climático.
El documento incluye, entre sus políticas específicas, la “Política de
Conservación, Protección de la Madre Tierra y adaptación al Cambio Climático” (Gobierno
de Reconciliación y Unidad Nacional, 2021, p. 108). Esta orientación resulta
significativa porque coloca la protección ambiental dentro del desarrollo
humano y social del país.
El mismo plan también incorpora la educación ambiental y la
formación de valores frente al cambio climático. En su contenido, surge el
lineamiento “Promover la educación ambiental y formación de valores ante el
cambio climático” (Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, 2021, p. 148).
Esta disposición puede relacionarse con las instituciones de educación
superior, ya que las universidades tienen capacidad para formar profesionales,
promover investigación y desarrollar prácticas institucionales de protección
ambiental.
Además, el plan reconoce el papel de la juventud en procesos
de desarrollo social, educativo, productivo, cultural, deportivo y de
preservación del medio ambiente. De forma específica, señala que se busca
fortalecer la participación de la juventud en acciones de formación, reflexión
y participación vinculadas con el desarrollo y la preservación ambiental
(Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, 2021, p. 105). En el contexto
universitario, esta orientación permite interpretar los espacios verdes como escenarios
donde la juventud puede participar en prácticas de educación ambiental,
voluntariado, investigación y conservación.
En segundo lugar, la Estrategia Nacional de Educación
“Bendiciones y Victorias” 2024-2026 profundiza esta orientación desde el
sistema educativo. El documento plantea como parte de su propósito “promover
valores vinculados con identidad, vida, convivencia y cuido a nuestra Madre
Tierra” (Comisión Nacional de Educación, 2024, p. 8).
Dentro de esta estrategia, el Eje 6 está orientado a
fortalecer conocimientos, valores y prácticas para la conservación, protección
y cuidado de la Madre Tierra. Esta estrategia señala que los centros
educativos, técnicos y universidades deben ser concebidos como patrimonio
ambiental de la comunidad (Comisión Nacional de Educación, 2024, p. 25). Esta
idea tiene una relación directa con los espacios verdes universitarios, ya que
permite interpretarlos como parte del patrimonio ambiental, educativo y comunitario
de las instituciones de educación superior.
Asimismo, la estrategia nacional plantea actualizar planes y
programas de estudio incorporando educación ambiental, cuido de fuentes de
agua, manejo del suelo, gestión de residuos y ambientes saludables (Comisión
Nacional de Educación, 2024, p. 24). Esta orientación permite sostener que las
universidades nicaragüenses no solo deben conservar áreas verdes, sino también
integrarlas a procesos formativos, curriculares y comunitarios.
En este mismo orden, el Eje 7 de la estrategia se relaciona
con cambio climático y pensamiento crítico, donde se propone fortalecer
prácticas de mitigación y adaptación, así como investigación e innovación
frente al cambio climático (Comisión Nacional de Educación, 2024, p. 26). En
este sentido, los espacios verdes en la educación superior pueden funcionar
como laboratorios vivos para estudiar biodiversidad, regulación térmica,
gestión del agua, restauración ecológica, salud ambiental y participación estudiantil.
Dicha Estrategia Nacional de Educación establece que su
implementación involucra al Ministerio de Educación (MINED), Instituto Nacional
Técnico y Tecnológico (INATEC) y la Secretaría Técnica para Atención a las
Universidades (SETEC), además de equipos nacionales, departamentales,
regionales, municipales y comunitarios (Comisión Nacional de Educación, 2024,
p. 45). Esto permite ubicar a las instituciones de educación dentro de una
articulación nacional más amplia. Desde esta perspectiva, los espacios verdes universitarios
pueden contribuir al cumplimiento de objetivos nacionales relacionados con
educación ambiental, cambio climático, bienestar psicológico y desarrollo
humano.
Como parte de estos esfuerzos, la Comisión Nacional de
Universidades Verdes, conformado por el Movimiento Ambientalista
Guardabarranco, Ministerio de la Juventud (MINJUVE), la Unión Nacional de
Estudiantes de Nicaragua (UNEN), la Secretaría Técnica para Atención a las
Universidades (SETEC), Instituto de Nicaragüense de la Pesca y Acuicultura
(INPESCA) y el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (MARENA)
En este concurso se evalúa el liderazgo estudiantil en
brigadas ambientales, infraestructura y áreas verdes del campus, campañas de
educación ambiental y prácticas sostenibles, gestión de residuos y reciclaje;
creatividad e innovación en actividades de impacto ecológico, conexión con la
naturaleza mediante jornadas, talleres y experiencias formativas, coherencia
institucional con los objetivos nacionales de sostenibilidad. (UAM, 2025, párr.
10)
Durante el año 2025 la Universidad Americana (UAM) fue la
ganadora como la Universidad Verde de Nicaragua, donde en palabras de la
ministra de la Juventud, Darling Hernández, “la UAM sobresalió por ser la
universidad más limpia y ordenada del país, no por la cantidad de personal de
mantenimiento, sino por la efectiva campaña de educación ambiental y la
participación estudiantil en el manejo de residuos”. (UAM, 2025, párr. 5)
En concordancia con lo anterior, se puede evidenciar que
Nicaragua está actuando mediante una orientación normativa que vincula
desarrollo humano, educación, juventud, cambio climático y cuidado de la Madre
Tierra. El Plan Nacional 2022-2026 establece la base política nacional,
mientras que la Estrategia Nacional de Educación 2024-2026 aterriza esa
orientación en el sistema educativo y en las instituciones de educación
superior. Por ello, los espacios verdes universitarios pueden comprenderse como
una expresión concreta de estos lineamientos, siempre que sean planificados,
mantenidos y utilizados como parte de la formación integral.
Los espacios verdes en la educación superior son importantes
porque contribuyen al bienestar psicológico, fortalecen los ambientes de
aprendizaje, promueven la interacción social y permiten materializar
compromisos institucionales con la sostenibilidad. La evidencia científica
revisada muestra que el contacto con ambientes naturales se relaciona con el
bienesta
Asimismo, los espacios verdes no deben ser considerados
elementos decorativos, sino componentes estratégicos de la infraestructura
universitaria donde su valor se expresa en la formación integral, la educación
ambiental, la vida comunitaria y la gestión sostenible de los recintos
universitarios. En este sentido, las universidades deben planificar sus áreas
verdes con criterios de accesibilidad, seguridad, biodiversidad, funcionalidad
pedagógica y participación estudiantil.
En Nicaragua, desde el Gobierno de Reconciliación y Unidad
Nacional (GRUN) se ejecutan acciones orientadas a la protección de la Madre
Tierra, la educación ambiental, la adaptación al cambio climático y la
formación de valores. En correspondencia con estos lineamientos, las
instituciones de educación superior pueden asumir los espacios verdes como
escenarios estratégicos para fortalecer la experiencia estudiantil y contribuir
al desarrollo humano sostenible. Sin embargo, su impacto no depende únicamente
de la construcción o habilitación física de jardines, patios, huertos, senderos
o zonas arborizadas, sino de la integración activa de la comunidad
universitaria en su planificación, uso, mantenimiento y conservación.
Para ello, se requiere promover mecanismos de participación
institucional que involucren a estudiantes, docentes, personal administrativo y
autoridades universitarias. Entre estos mecanismos pueden considerarse brigadas
ambientales estudiantiles, jornadas periódicas de reforestación, campañas de
limpieza y reciclaje, programas de adopción de áreas verdes por Facultades o
grupos académicos, incorporación de estos espacios en actividades curriculares,
proyectos de investigación aplicada y acciones de extensión comunitaria.
Asimismo, la conservación de los espacios verdes debe apoyarse en normas de uso
responsable, mantenimiento permanente, educación ambiental continua y
evaluación institucional de su estado físico, ecológico y pedagógico.
De esta manera, los espacios verdes universitarios dejan de
ser responsabilidad exclusiva de las áreas de infraestructura o mantenimiento y
se convierten en un compromiso compartido de toda la comunidad académica. Su
conservación permite fortalecer el sentido de pertenencia, la conciencia
ambiental, la convivencia universitaria y la corresponsabilidad institucional.
Por tanto, integrar a la comunidad universitaria en la construcción y
preservación de estos espacios constituye una condición necesaria para que las
áreas verdes cumplan una función educativa, social, ambiental y formativa
dentro de la educación superior nicaragüense.
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